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Francisco J. Rua. Farmacéutico Comunitario

Bloguero e integrante de la Comisión de Servicios profesionales de SEFAC

La farmacia española presume de garantizar a los ciudadanos el acceso a medicamentos seguros y eficaces en condiciones de equidad, viva en una gran metrópoli o en un pequeño pueblo de pocos cientos de habitantes. Y hasta hace poco tiempo se ha centrado en proporcionar una buena dispensación de medicamentos.

Esta forma de trabajar no tiene ningún futuro, y no es por la caída de ingresos procedentes de la dispensación con cargo al Sistema Nacional de Salud, ingresos supeditados al precio de un producto que tiende a 0. No tiene futuro porque la sociedad encontrará formas más eficientes de entregar los medicamentos a los pacientes.

Es muy posible, que en el futuro, el farmacéutico no sea imprescindible para expender medicamentos. Una máquina será más barata y más efectiva para distribuir medicamentos. Ya existen los primeros intentos: “El Marañón es el primer hospital europeo en dispensar con cajero automático”, ya se permite la venta on-line de medicamentos no sujetos a prescripción, (aunque aún se discute cómo se va a llevar a cabo)… Todos conocemos como han evolucionado las gestiones, vía telefónica o telemática, con la Administración, e incluso se ha logrado que un ordenador sea capaz de diferenciar 21 expresiones faciales distintas, aunque sean emociones complejas o aparentemente contradictorias. Sin duda, se recorre el camino para que una máquina pueda dispensar medicamentos.

Por tanto, la cartera de servicios (como conjunto de servicios ofrecidos desde la farmacia paralelos a la dispensación…) no es una ayuda al futuro y a la evolución profesional. Es la única opción que tiene la farmacia comunitaria para sobrevivir a medio y largo plazo.

Sin duda, desarrollar una cartera de servicios en España implicaría beneficios para el paciente (prevención de problemas de salud y mejora de su calidad de vida), para la administración sanitaria (reducción de visitas a atención primaria, especializada y urgencias, de derivaciones a especialidades, de ingresos hospitalarios no programados… en definitiva: ahorros económicos) y para el propio farmacéutico (nuevas vías de ingreso para la farmacia, diferenciación, potenciación de su labor clínica, desarrollo y reconocimiento profesional, integración en equipos multidisciplinares, etc.). Pero la principal motivación para implantarla es que sin cartera de servicios no hay futuro para el farmacéutico comunitario.

¿Es posible desarrollar esa cartera de servicios? ¿Cómo hacerla?

Sí, la Cartera de Servicios es una realidad en muchos lugares del mundo. Pero su desarrollo e implantación no va a ser fácil.

La implantación del servicio recorrerá una serie de etapas: 

1.- Comprobar que el servicio responde a alguna necesidad no cubierta.

2.- En caso afirmativo, se ha de empezar diseñando un modelo teórico del servicio en base a la evidencia científica disponible (adaptando modelos de éxito de países que ya cuentan con estudios y evaluaciones a nuestra realidad). Esta es la fase técnica que para diversos servicios ya ha sido, o está siendo, realizada por Corporaciones profesionales y Sociedades científicas y que se plasma en el documento de especificaciones y en el procedimiento normalizado de trabajo.

3.- Difusión, pasiva y activa, de los servicios que se ha decidido ofrecer.

4.- Venta del servicio.

Francisco J. Rua es farmacéutico comunitario de Huelva e integrante de la Comisión de Servicios Profesionales de SEFAC. Podéis seguirle en su blog “El rincón de Linimento” y en Twitter (@FcoLinimentoRua). También podéis consultar la presentación de su intervención en la mesa “Estrategias de rentabilidad y difusión de la cartera de servicios” en Infarma 2014.