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Entrevista a Guillermo Freire, farmacéutico adjunto en Oca (Galicia)

Tiene 30 años, es técnico especialista en Ortopedia y graduado en Nutrición y Dietética Humana

Licenciado en Farmacia, técnico especialista en Ortopedia y graduado en Nutrición y Dietética Humana, Guillermo Freire tiene 30 años y trabaja como farmacéutico adjunto en la Farmacia Dª Mª Olivia Donado Campos en Oca, en el municipio de A Estrada (Pontevedra).

¿Cuántos pacientes atendéis en vuestra farmacia en A Estrada?

Es difícil dar una cifra, ya que depende mucho del día y la época del año. Las mañanas son tranquilas y las tardes todavía más. No hay una rutina, a excepción de los lunes que, por norma general, hay más gente. Los demás días puede no entrar nadie en dos horas y, de repente, puede que aparquen cinco coches delante de la farmacia. Es una zona en la que influyen muchos eventos como el mercadillo, las fiestas, e incluso las épocas de siembra y cosecha. Así que aprovecho los momentos de calma para formular.

¿Cómo es el día a día de una farmacia rural en un núcleo tan pequeño?

La farmacia rural es muy gratificante a nivel personal y profesional. La gente es más cercana aquí que en la ciudad. Y las relaciones son más personales, por lo que resulta más fácil seguir de cerca la salud de los pacientes y su medicación, en parte porque “siempre son los mismos”. Se puede decir que tenemos un servicio de atención farmacéutica y farmacovigilancia constante.

¿Qué servicios estáis ofreciendo a vuestros pacientes?

Además de lo mencionado, estamos ofreciendo asesoramiento en nutrición y dietética, en ortopedia y parafarmacia, y acabamos de iniciarnos en los servicios personalizados de dosificación de medicamentos (SPD), algo especialmente necesario en esta zona, ya que mucha gente mayor polimedicada vive sola en casa y se enfrenta a dos grandes dificultades: la primera es el desplazamiento (dependen de familiares o vecinos), y la segunda es la complejidad que supone el cumplimiento de su tratamiento, tal y como ha sido pautado. Esto se traduce muchas veces en el olvido de algunas tomas o en la automedicación, lo que termina empeorando la calidad de vida del paciente. Por esto, resulta de gran utilidad la implantación del SPD.

¿Cómo lleváis a cabo la formulación a terceros?

La formulación a terceros está “despegando”. A mí personalmente me gusta mucho formular, pero exige mucho tiempo y una inversión económica inicial a veces superior a la vocación del formulador. A día de hoy, las formulas y las instalaciones donde se realizan están casi a nivel de industria. Hay mucho trabajo y muchísima documentación detrás de cada fórmula, todo queda registrado, lo cual es muy positivo ya que nos da valor a las farmacias formuladoras y total seguridad a los pacientes. Sobre todo hacemos preparados de dermatología, de pediatría y cubrimos algún desabastecimiento cuando el SERGAS nos autoriza. Recientemente elaboramos cápsulas de dexametasona de 1mg (fortecortin®) y ahora estamos encapsulando el Orlistat (ALLI®).

Como farmacéutico joven, ¿cuál es tu visión de la farmacia rural actual en España?

Creo que es un momento complicado para todas las farmacias: la venta de medicamentos a través de la seguridad social cada vez deja menos beneficio y no queda más remedio que trabajar duro para mantenerse a flote. Es importante llevar a cabo una buena gestión de compra para amortiguar las bajadas de precios.

Además, la venta de artículos de parafarmacia y la oferta de servicios relacionados con la salud son ahora más necesarios que nunca para mantener la rentabilidad. Es en este punto es donde opino que las farmacias rurales tienen que hacer un sobreesfuerzo para adaptarse a las necesidades de sus pacientes, en contraste a las farmacias de ciudad, que tienen mejor acceso a la hora de ofrecer estos servicios ya que su público es mucho más amplio.

¿Crees que impulsar servicios farmacéuticos remunerados podría contribuir a la mejora de la situación de la profesión?

Absolutamente sí, pero esto no se consigue de un día para otro. Muchos pacientes están acostumbrados a obtener muchos de estos servicios de una forma gratuita o a un precio simbólico: medirse la tensión, la glucosa, pesarse, recibir asesoramiento nutricional… Si ahora vamos a cobrar, necesitamos aportar algo más. Es necesaria una buena formación de toda la plantilla y, en ocasiones, un aumento de personal. Además, conviene estudiar las necesidades reales del público al que vamos a dirigir nuestros servicios.

¿Cuáles son los retos de futuro de vuestra propia farmacia?

El primero es un reto común, que yo creo que es el camino que debemos tomar todas las farmacias: seguir avanzando en SPD y en atención farmacéutica.

El segundo reto es centrarnos en las demandas locales. La población cercana a mi farmacia es gente mayor con dolencias debidas al trabajo en el campo y al clima gallego (artrosis, artritis...) y que cada vez necesita más ayudas a la movilidad, así que nos centraremos en la ortopedia. También nos vamos a centrar en la formulación para dar servicio a más farmacias.