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Entrevista a Francisco Javier Guerrero, presidente de SEFAR

Es farmacéutico de la localidad más pequeña de la provincia de Sevilla

Casi el 10 % de las Oficinas de Farmacia de España se encuentran en municipios de menos de 1.000 habitantes. Todas estas boticas ubicadas en el ámbito rural se enfrentan cada día a dificultades y problemas cuya última consecuencia puede llegar a ser su desaparición, siendo los pacientes los más afectados por la situación. Hablamos sobre el futuro de la farmacia rural y las posibilidades de impulsar servicios profesionales farmacéuticos con Francisco Javier Guerrero, presidente de la Sociedad Española de Farmacia Rural (SEFAR).

• Usted es el titular de la farmacia del municipio más pequeño de la provincia de Sevilla. ¿Cómo es su día a día?

Como el de tantos compañeros que ejercen en pequeñas poblaciones y cuyos ingresos no les ofrece la posibilidad de contratar a nadie, es decir, realizando diariamente todas las labores que tiene una Oficina de Farmacia y que exceden a la propia dispensación (recepción y elaboración de los pedidos, gestión del stock...) además de otras actividades que desempeñas en estos pueblos y que van más allá de las propias de nuestra profesión.

• ¿Cuál es la situación actual de las 2.000 boticas rurales que hay actualmente en España?

El problema más apremiante es el económico, y su gravedad es inversamente proporcional a la facturación de cada oficina de farmacia, situando a las algo más de 1.000 farmacias que se encuentran en poblaciones de menos de 500 habitantes al borde del cierre ante la incapacidad de la Administración y la propia profesión de encontrar soluciones... o por lo menos de buscarlas. 

Pero al margen del problema económico, existen otros como la sobrecarga de guardias, la dificultad para acceder a una formación accesible y de calidad, la imposibilidad de promocionar, de conciliar la vida laboral y familiar...

• ¿Qué modelo y qué tipo de servicios se pueden implantar en la farmacia rural? ¿Están preparadas para ello? 

No creo que en este momento las Oficinas de Farmacia, rurales o urbanas, estén preparadas para ofrecer servicios por la propia concepción de nuestro sistema de retribución, enfocado exclusivamente a la dispensación.

Ofrecer servicios requiere una preparación a nivel técnico y formativo, además de un cambio conceptual que debe presentar alicientes -ser incentivado económicamente-, o ser percibido como una apuesta que en un futuro pueda ofrecerte rendimiento económico, además del reconocimiento profesional. De otro modo, no se dará. Las buenas intenciones tienen una duración limitada, y si el rendimiento económico no es el adecuado, tus prioridades comienzan a ser otras.

El sector de Oficinas de Farmacia es muy heterogéneo y, por tanto, la cartera de servicios no puede ser única y unívoca porque las farmacias no son iguales, sus entornos socioeconómicos son diferentes, y también lo es la población a la que atienden cada una de ellas. 

Partiendo de la base de que es complicado, a priori, en el medio rural, creo que encajarían bien servicios de telemedicina, como el pilotaje de la implantación de teledermatología en Oficinas de Farmacias rurales que desde SEFAR realizamos en octubre de 2011. También proyectos de educación sanitaria con enfoque hacia la participación ciudadana, ahondando en conceptos como el autocuidado de la salud y el paciente activo, que nosotros trabajamos bajo el nombre de "Salud y Comunidad Rural", entre otros.

En definitiva, posibilidades hay muchas, y por supuesto exigiría un reciclaje de los profesionales, además de un cambio de concepción del ejercicio del farmacéutico, pero ese es el futuro de la profesión siempre que, aunque parezca de perogrullo, sean retribuidos. 

•  ¿Qué fórmulas se pueden barajar para lograr la retribución de los servicios en la farmacia rural?

En el caso de las Oficinas de Farmacia ubicadas en el medio rural, la situación económica de estos establecimientos, y el entorno socioeconómico en el que se encuentra inmersa su población, condiciona el tipo de propuestas y su aplicación.

Desde la SEFAR consideramos que la elaboración de propuestas de servicios adicionales en el medio rural ha de ir acompañada de una retribución adicional a la que hasta ahora perciben estos profesionales, y dado que el paciente potencialmente beneficiario se encuentra en entornos socioeconómicos deprimidos, el pago de los mismos no puede recaer sobre su bolsillo ya que supondría una limitación a su acceso.

•  ¿Cuáles son las mayores dificultades que están encontrando los farmacéuticos del pequeño medio rural para impulsar una cartera de servicios?

El entorno socioeconómico en el que estos establecimientos desempeñan su trabajo se encuentra muy deprimido y con una población en retroceso. Para colmo, el sistema retributivo actual no contempla estas particularidades ni compensa a unos establecimientos que justifican las restricciones del modelo de farmacia actual, pero que no obtienen unos rendimientos adecuados por mera cuestión de su ubicación. ¿El resultado? Muchas oficinas de farmacia se encuentran con serias dificultades económicas y sobreviven con ingresos adicionales procedentes de familiares u otras actividades ajenas a la Oficina de Farmacia, y así es muy complicado plantearse otras cosas.

Si a esto le unimos el aislamiento, que dificulta compartir experiencias con otros compañeros, desplazamientos largos y turnos de guardias tercermundistas, más que preguntarnos qué dificultades tenemos para ello, habría que preguntarse si tenemos alguna ventaja, acabaríamos antes.

• Además del impulso de servicios farmacéuticos, ¿qué otros frentes abiertos tiene SEFAR para lograr la sostenibilidad de la farmacia rural?    

La SEFAR tiene una corta pero extensa historia. Creo que en este tiempo hemos conseguido, al menos, dar visibilidad a la situación de muchos compañeros. Una situación que queda oculta bajo datos estadísticos como los ratios poblacionales o las facturaciones medias.

Fruto de este trabajo de concienciación, se han dado pequeños pasos, se han removido algunas conciencias y creemos que esa es una línea a seguir para que se pueda continuar ejerciendo la profesión en el medio rural en condiciones óptimas de prestación. La población a la que atendemos también se lo merece y, modestamente, también los profesionales que luchamos diariamente por ello.