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Jordi de Dalmases Balañà. Presidente del COF de Barcelona

Es licenciado en Farmacia por la Universidad de Barcelona (1987) y titular de oficina de farmacia en la capital catalana desde 1991

Jordi de Dalmases Balañà (Barcelona, 1962) es licenciado en Farmacia por la Universidad de Barcelona (1987) y titular de oficina de farmacia en la capital catalana desde 1991. Es vicepresidente del COF de Barcelona desde 2004. Anteriormente, desarrolló una fructífera carrera en el sector de la distribución farmacéutica, primero en el Consejo Rector de Federació Farmacèutica y posteriormente en la Federación Española de Distribuidores Farmacéuticos (FEDIFAR). Paralelamente, desde 2000 hasta 2004 de Dalmases también participó activamente, como vicepresidente, en el equipo director del Sistema Integrado de Gestión y Recogida de Envases (SIGRE). Ha sido miembro de la junta directiva de la Asociación para la Promoción de la Asistencia Farmacéutica (APROAFA) desde 2001 hasta 2004.

La farmacia comunitaria como centro de salud y el farmacéutico como agente sanitario son reconocidos por la ciudadanía en múltiples documentos de análisis como la principal puerta de entrada al sistema de salud, por su proximidad, accesibilidad, capilaridad y equilibrio territorial. Además, los ciudadanos valoran muy positivamente la figura del profesional farmacéutico, considerándolo un elemento fundamental en el seguimiento y tutela del proceso patológico, especialmente en todo lo referido al tratamiento y suministro de información y educación sanitaria. 

Durante los últimos años el farmacéutico se ha rebelado contra el rol que tradicionalmente le ha sido asignado de gestor del medicamento. Ya no nos encontramos frente a un mero dispensador, un outsider del sistema; hoy está asumiendo un papel decididamente activo en la gestión integral del plan terapéutico prescrito y desarrolla una función preponderante como agente de salud. Su estrecha relación con el proceso terapéutico lo sitúa en una posición extremadamente ventajosa para identificar las necesidades de salud del ciudadano e intervenir en el proceso terapéutico, completando el círculo del continuum asistencial del paciente.

La mayoría de artículos, documentos programáticos o planes estratégicos recomiendan la inclusión del farmacéutico comunitario en la provisión de servicios asistenciales, más allá de los inherentes a la dispensación y el seguimiento farmacoterapéutico. 

Desde hace más de dos décadas se viene aceptando que el farmacéutico comunitario, como agente de salud, puede constituir un recurso importante en la implantación y diseminación de programas de promoción de la salud y prevención de la enfermedad a nivel poblacional, especialmente en aquellos escenarios constituidos por población no frecuentadora u oculta al sistema de atención primaria. El grado de evidencia de dicha contribución en términos de efectividad y eficiencia existe y es abundante. 

Por tanto, creemos que ha llegado el momento, por necesidad, oportunidad, factibilidad y beneficio probable de que la figura del farmacéutico comunitario y las funciones que viene realizando de manera natural se incluyan de forma efectiva en el marco de los servicios y recursos de la atención primaria. Máxime cuando el Plan de Innovación para la misma ya reconoce la necesidad de dicha colaboración efectiva y sus ámbitos de actuación. Así, nos remitimos a sus criterios estratégicos y operativos para articular dicha inclusión.

La farmacia comunitaria constituye la red sanitaria más densa de nuestro país, posee un alto nivel de implantación e interconexión basado en las tecnologías de la información y la comunicación y en una red propia enlazada con el sistema asistencial público, y dispone de una fuerza laboral constituida por casi 7000 profesionales con firma digital profesional reconocida. Por todo ello, la farmacia y el farmacéutico comunitario constituyen en un recurso valiosísimo en un mercado sanitario necesitado de optimización. Nuestro futuro radica precisamente en conseguir dicho objetivo estratégico.

La cartera de servicios puede suponer en la práctica la homogeneización y generalización de las actuaciones de atención farmacéutica, conceptualizándolas, reconociendo su valor para el mercado sanitario y generando, al otorgar una contraprestación a su provisión, una nueva forma de retribución del desempeño profesional.

Fuente:
Colegio de Farmacéuticos de Barcelona